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Ricardo Manuel Ganso (Argentina)
ADVERTENCIA de OJS:
Lo siguiente no es apto para personas absolutamente carentes de sentido del humor, o con exacerbado patrioterismo (de las que tengo una mala opinión, dicho sea de paso y con permiso).

No obstante, si alguna persona -usted, por ejemplo- es lo suficientemente estúpida como para quejarse de lo que lea a continuación, tenga o no poder para infligirme daño a mí o al autor de esta obra literaria, en pro de la convivencia pacífica la eliminaré sin más trámite.

Cuando digo "la eliminaré" me refiero a esta obra, no a la persona.

Recibido el 21/08/06:

LA PAYADA DE GUAYAQUIL

Mucho se ha hablado sobre el encuentro entre José de San Martín y Simón Bolívar celebrado en Guayaquil el 27 de julio de 1822. Hectolitros de tinta fueron volcados sobre quintales de papel por bolivarianos y sanmartinianos discutiendo el contenido de la conferencia entre los dos próceres, sin arribar a conclusiones satisfactorias. Que San Martín se retiró al ostracismo en Francia porque Bolívar se negó a apoyarlo en su proyecto de proclamarse rey del Perú. Que lo hizo para dejarle a Bolívar el paso libre hacia la gloria, pues de otra forma el gran venezolano, en su soberbia, habría puesto en peligro la Revolución Americana negándose a unir los dos ejércitos. Y que patatín, y que patatán. Pero en la Biblioteca de Papeles Perdidos hemos hallado la verdad en unos viejos documentos que nuestro bibliotecario descubrió durante la última mudanza. La Comisión Histórica de Investigaciones Puntuales (CHInPun) de la BPP ha demostrado, mediante el estudio de dichos documentos, que el encuentro de Guayaquil no fue una conferencia, sino una payada.
A continuación, y en el marco de las celebraciones por el 156º aniversario de la muerte de San Martín, ofrecemos a ustedes nuestra versión del texto de esa payada. Esta versión fue confeccionada a partir de la copia taquigráfica hecha por Henny Thales, espía británica que se encontraba oculta tras los cortinados de la casa de Bolívar mientras los dos generales payaban.
Tanto San Martín como Bolívar se hallaban ataviados con sus uniformes de gala, dejando de lado la fácil demagogia de disfrazarse de gauchos. Ninguno de los dos era guitarrero, pero ambos, como Gardel, simulaban ejecutar el instrumento mientras se hacían doblar por guitarristas expertos. Ocultos tras los cortinados, se hallaban: Gabino Aeroparque doblando a San Martín; y Santos Vega (también llamado Santos de la V, porque usaba bombacha) doblando a Bolívar. Parte de la payada se ha perdido debido a que Gabino Aeroparque, al deambular buscando mejor ubicación tras las cortinas, se topó con Henny Thales, originándose una breve trifulca entre ellos que interrumpió momentáneamente la tarea de Henny. Gabino pudo continuar con la suya, ya que el torso de la sinuosa Henny era muy parecido a una guitarra; por su forma, y porque tenía 6 cuerdas en la espalda. Durante esa trifulca, habría sido concebido el célebre patriota uruguayo Orien Thales, nacido en Punta del Este el primero de mayo de 1823 durante las vacaciones de su madre.
Por esa razón, el primero de mayo se celebra en Uruguay el Día del Trabajo de Parto. Pero no nos vayamos por las ramas.
En un intercambio previo de misivas, San Martín y Bolívar acordaron un reglamento de dos artículos que regiría la payada:

Artículo 1) No vale soplar.
Artículo 2) Se puede consultar el Diccionario de Sinónimos Castellanos del Prof. Augusto Léxico.

Vayamos ya al texto de la payada, pero no sin antes un consejo:

Una payada es una composición musical cantada. En una versión leída, en modo "sólo texto", una payada pierde mucho de su encanto; yo diría que se pierde aproximadamente el 86,174 %. Ustedes, los lectores, pueden hallar mucho más interesantes a las octavas siguientes, si en lugar de sólo leerlas tratan de cantarlas, siguiendo un ritmo apropiado y repitiendo (bis) el primer verso de cada estrofa.

Preliminar:
San Martín y Bolívar, ubicados frente a frente, extienden el brazo derecho hacia delante con la mano cerrada. Luego, mueven simultáneamente el puño tres veces de arriba hacia abajo mientras vocean: Ya-Pe-¡Yú!. En el último movimiento, Bolívar extiende los 5 dedos de su mano (papel). San Martín sólo extiende los dedos índice y mayor (tijera). Habiendo ganado así el sorteo, el Protector del Perú elige payar primero.


San Martín:
Buenas tardes, Don Simón;
saludo con deferencia
su ilustre magnificencia
de insigne Libertador.
Con emoción y temblor,
flaqueo ante su presencia
y el esfínter se me afloja:
disculpe la flatulencia.

Bolívar:
Buenas tardes, Don José,
prócer del Sur aledaño.
Tan sólo con ver el paño
de su uniforme honorable,
se reblandece mi sable,
me derrito como estaño;
a mí también se me afloja:
vayamos un rato al baño.

(Intermedio para ir.)

San Martín:
Aliviados retornamos
a discutir con buen tino
cómo llevar a destino
nuestra gran revolución.
Debemos forjar la unión
que nos allane el camino
pa' derrotar a los godos
y tomarnos todo el vino.

Bolívar:
No se apure a discutir,
que no nos corren los galgos.
Es mi deber como hidalgo,
agasajarlo primero.
Disculpe usté este entrevero
(hace mucho que cabalgo)
y digamé, sin vergüenza:
¿no querría tomar algo?

San Martín:
Sé que anduvo por las tierras
del mulato Juan Valdez,
y su producto, tal vez,
usted se trajo consigo.
Esa infusión, buen amigo,
no la pruebo de hace un mes,
y por eso le sugiero:
¿Qué tal un par de cafés?

Bolívar:
Su deseo es una orden
y si no le viene a mal,
como hace el mariscal
Antonio José de Sucre,
yo al café le pongo Chukre,
endulzante artificial,
que no engorda, es muy barato,
no tiene gusto a metal.

San Martín:
Debo hacerle una advertencia
sobre tal edulcorante.
Algún traidor atorrante
que ande buscando matarnos
el Chukre puede cambiarnos
por veneno pa' elefantes,
y de aquí nos sacarían
con los pies para delante.

Bolívar:
No se preocupe, colega,
pues no soy un papamoscas.
Aunque me paso de rosca
soy un hombre precavido;
un español he traído,
prisionero de Las Toscas.
Déle el café a él primero,
digo yo, por si las moscas.

(Fragmento perdido durante la escaramuza entre
Gabino Aeroparque y Henny Thales. Evidentemente,
San Martín y Bolívar han escuchado algo.)

San Martín:
No es el fantasma del Inca
reclamando aquí su trono;
jadeos en bajo tono
y gemidos susurrantes
no es obra del rey de antes
se lo digo sin encono:
Debe ser su centinela
haciendosé la del mono.

Bolívar:
Perdone usté al centinela
que la milicia es jodida.
Nos pide dejar querida,
la familia, nuestra casa,
y la paga es tan escasa
que a un cabo nunca en la vida
le alcanza para pagarse
ni siquiera una perdida.

San Martín:
Su moral es discutible
aunque yo no la discuto;
tal cosa no la degluto
pero yo vine a otro efecto.
Simón, amigo dilecto,
no perdamos ni un minuto:
Discutamos nuestra unión
antes que me vuelva puto.

Bolívar:
De aquello que usted se vuelva
no puedo ser el motivo.
No tiene efecto nocivo
sobre su sexualidad
que charlemos, sin maldad,
de cuatro bueyes esquivos.
Digamé por qué el apuro
para tomarse el olivo.

San Martín:
No puedo seguir hablando
del canto de la cachila,
si es azul la clorofila,
o si es el plomo brillante.
Pasemos a lo importante
que el zorro gris me vigila,
y lo tengo a mi cochero
con el sulky en doble fila.

Bolívar:
Ahora entiendo tanta urgencia
por lo que usted manifiesta.
¡Vaya a saber lo que cuesta
una multa en Guayaquil!
A uno lo toman por gil
y no vale la protesta.
Antes que el zorro lo cague
diga cuál es su propuesta.

San Martín:
Cuando Sucre pidió apoyo
mandé cuatro batallones,
una docena'e cañones
y una parva de fusiles,
también pólvora en barriles
(con su manual de instrucciones)
y cuarenta y cinco platos
de sopa de municiones.

Con la ayuda recibida
Sucre marchó hacia la sierra
y defendió nuestra tierra
enfrentando a los gallegos,
que huyeron como borregos
en la época de yerra,
y en Riobamba y en Pichincha
perdieron como en la guerra.

Digo esto como ejemplo
de lo que uno especula:
Si la fuerza se acumula
el triunfo vuélvese claro.
Se lo digo sin reparo,
tan firme como una bula:
si unimos nuestras legiones
no nos ganan ni con mula.

Bolívar:
Comprendo sus reflexiones
y aprecio su inteligencia.
No objeto su pertinencia
mas no puedo estar de acuerdo;
no me tenga usted por lerdo
por no tener su vehemencia,
pero debo consultar
a quienes debo obediencia.

En el país que presido,
de las leyes yo soy preso
y mi poder, le confieso,
no es tanto como parece.
Tan fijo como amanece
debo repartir el queso
y compartir el gobierno
con los tordos del Congreso.

No puedo aquí decidir
acerca de nuestra unión.
Debo hacer la discusión
con todos los congresales
y conseguir sus avales
con un sobre bien gordón,
si no dentro de dos años
me cagan la reelección.

San Martín:
No esperaba esos reparos
a mi humilde ofrecimiento.
No creo que usted sea lento
sino mas bien lo contrario.
Me toma usted por otario
inculpando al Parlamento.
Amigo, baje el copete;
no sea tan angurriento.

La verdadera razón
de su triste negativa
es aquella relativa
a la cuestión de la gloria:
¿Quién de los dos, en la Historia,
brillará como una diva?
¿Quién de los dos, relegado,
quedará como un ortiva?

Para aplacar sus reservas
le cedo a usted el comando.
Me pongo bajo su mando
con todos mis oficiales.
Mi catre y mis orinales
son suyos; dígame cuando
nos juntamos de una vez
y no siga lloriqueando.

Bolívar:
Lo que le dije es muy cierto,
aunque le haya disgustado.
Mi poder es de prestado
si bien usted no lo cree.
Por más prestigio que emplee
puede más un Diputado:
con sólo votar en contra
me dejan muy mal parado.

Sin embargo, voy a darle
una chance valedera.
Haré yo lo que usted quiera
si acata una condición.
Será un hecho nuestra unión
si cumple con la primera
de las leyes que gobiernan
una payada campera.

Voy a hacerle una pregunta
fácil pa' un hombre leído.
Accederé a su pedido
y uniremos nuestras huestes
ni bien usted me conteste,
cuando haya respondido.
Digamé ¿cuál es el nombre
de la nación que presido?
San Martín preludió en su guitarra (o simuló preludiar mientras Gabino lo doblaba) buscando inspiración. Detuvo los rasguidos y estuvo en silencio un par de minutos. Volvió a preludiar, y volvió a hacer silencio. San Martín conocía la respuesta: la nación presidida por Bolívar era Colombia, llamada así en homenaje a Colomba, la locutora y animadora de La Feria de la Alegría. Pero Don José se vio ante la absoluta imposibilidad de encontrar una sola palabra que rimase con Colombia. Al no poder hilvanar unos versos correctamente rimados, finalmente se dio por vencido, reconoció el triunfo de Bolívar y se retiró.

Luego de pagar la multa para sacarle el cepo al sulky, se dirigió directamente a la rada de Guayaquil y se embarcó hacia Lima. Siguió viaje hacia Valparaíso y luego Santiago, Mendoza y Buenos Aires. Finalmente viajó a Europa y se instaló en Francia, porque descubrió que los franceses pronuncian Colombiá, con acento en la a. Y Colombiá rima con mamá, chajá, quizá, allá y una gran cantidad de palabras castellanas.

Cuenta Merceditas, hija de José de San Martín, que su padre, en la agonía de sus últimas horas, deliraba octavas como estas:
Responderé su pregunta con la ayuda de Jehová. Y usted, señor, deberá ponerse bajo mi mando, que ya le estoy contestando porque es muy fácil, papá: la nación que usted preside se intitula Colombiá. ¡Te cagué, Simón!
Estas habrían sido las últimas palabras del Padre de la Patria, pero Merceditas no dice nada al respecto, temerosa de menoscabar al intachable héroe mitológico de bronce que José Cosmelli Ibáñez, José Carlos Astolfi y los resúmenes Lerú supieron forjar en las mentes de nuestra juventud.

Gastón Corradi Leuman
Redactor de la C.H.In.Pun. de la B.P.P.