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José (Pepín) Vidal (Puerto Rico)


Recibido el 03/11/03:

... Tu programa es muy bueno y lo recomiendo sin reservas. Aquí te envío una décima y un romance: La Potranca... de mi tierra. La potranca de mi tierra renegando va del diablo. Clama su hocico un vocablo que resopla por la sierra. Con su galopar entierra la palabra en un envase y encerrando en una frase a lo místico del cielo, despierta el divino celo con la estampa de su clase. por José (Pepín) Vidal El mensaje Ayer se fue la locura, está en silencio la sala, ella no puede vivir si la locura le falta. Ayer se fue la ternura, se siente poca la casa, sin llave quedó la puerta, ¿a quién le abriré mañana? Todo pasó de repente y nadie se lo esperaba, ayer se fue la dulzura !que sola navega el alma! La noche se iluminó, era imposible apagarla, le pedí me devolviera la luz que la iluminaba. Un consejo de mi padre desde chico me acompaña, lo que se da no se quita si se da de buena gana. Por eso no le perdono al cielo la canallada de regalarme su amor para robarlo a mansalva. Un mensaje llegó ayer, desde el cielo me llegaba, era Dios que me decía: De la muerte... nadie escapa; en un frasco guarda el llanto que por la noche derramas, con tus lágrimas de amor tejeré las esperanzas. Y si de ausencia pereces, te voy a guardar estancia en la villa celestial donde reside tu amada. Algún día vendrá por ti una señora que espanta, al ave, si en su volar, olvida la justa causa. El amor es la canción, ritmo donde el cielo danza, y el que de amores perece no temerá de mi dama. Por José (Pepín) Vidal
Recibido el 06/11/03 Lección de amor y olvido El amor camina un paso y el otro lo da el olvido que paso a paso han querido enredarte con su abrazo. Confundiendo todo caso si los buscas con paciencia, y no tienen la clemencia de explicar que son de un cuero donde gana el pendenciero, porque no tiene conciencia. por José (Pepin) Vidal
Recibido en abril de 2004: Sonrío de un modo franco Cuando yo te vuelva a ver distinto daré los pasos, el sol, el mar y la luna han crecido con los años. Ahora miro diferente, aprecio todo regalo, y el más pequeño detalle tiene un gusto insospechado. Ya no guardo lo que pienso, ni voy suelto de las manos, lloro cuando tengo penas y sonrío de un modo franco. Los detalles no te digo, no quiero parecer fatuo, la tarde que nos crucemos notarás que nada es falso. Cuando tú vuelvas a verme; también, mucho habrás cambiado, serás la dulce amapola refugiada en otros brazos. Te adornarán los capullos de claveles sonrojados y rondarán por tu falda llenos de calor indiano. Tendrás el mirar altivo, de turpiales coloreado. El tiempo no ha de robar la herencia de un padre hidalgo. Será gentil el saludo, cual tímido sol de mayo, y lo parco de tu hablar dejará un latir huraño Diremos un ¿Cómo estás? y algún otro comentario, la etiqueta es el discurso que usarás en este paso. Yo resistiré lo breve y tú seguirás de largo, sólo voltearé la cara cuando vayas calle abajo. Lívido en la muchedumbre, la pupila forma un lago con aguas que van cayendo sin notar el escenario. Te habrás ido y ni siquiera te fijaste de los cambios, lloro cuando tengo penas y sonrío de un modo franco. por José (Pepín) Vidal
Cómo pudo... He andado caminos y me creo alteza, devuelvo entregas con la carcajada, por ser el consorte de la aspereza la voz que dejo, me convierte en nada. Tú eres mármol, asomada tristeza, tú eres efigie de mi sal formada, caramelo y lino, figura y fresa, eres corola de sueños forjada. Cómo pudo Dios en plena armonía unir cara y cruz en eterno viaje. Cómo quiere ser la mies fantasía, yo, desmedido acervo sin plumaje y poder en ti lo que el prado ansía, beber del rocío tu febril encaje. José (Pepín) Vidal
Volver a Nacer Si la hora pierde el crisol y el reloj retrocediera en toda mañana espera que al revés despierte el sol. Para cuando den las tres será espejo su mirada y en la imagen reflejada, ¡Dios!, seré niño otra vez. En la noche, cuando viera, que ya soy bebé de luna despojado de fortuna partiré a la agreste vera. Rondaré la tundra helada esperando me consuele un ángel que mi alma vuele de regreso a la alborada. Si por cobija un tesoro, el que devuelve la vida, otro punto de partida ofreciera en cuna de oro. Al instante le diría: -Volver sólo necesito, con la cruz de amor, bendito, ¡nacer de la madre mía!- por José (Pepín) Vidal